UN GRAN DEMÓCRATA, UN GRAN REY – Vivimos tiempos de desasosiego e incertidumbre. El mundo de los valores parece difuminarse y recordamos con nostalgia, cariño y gratitud algunos tiempos pasados que nos llenan de orgullo.
Tiempos, aquéllos, totalmente esperanzadores en los que la transición española enfocada hacia una plena democratización nos hicieron vivir la época más ilusionante de nuestras vidas.
Justo es reconocer a la clase política de entonces su enorme voluntad de aunar esfuerzos en tan colosal proyecto, supeditando las aspiraciones personales a la consecución del objetivo común, aunque es evidente que el protagonista principal para facilitar su desarrollo fue el conjunto de la ciudadanía española que, de su mano, supo ir adaptándose a la nueva situación con un espíritu de unidad en la diversidad que llevó a encauzar magníficamente aquellos anhelos de libertad.
No podemos dejar de recordar a uno de los grandes artífices del proyecto y su desarrollo constitucional, nuestro tristemente desaparecido Adolfo Suárez, y a todos sus fieles colaboradores.

Y, también de justicia, una especialísima mención a don Juan de Borbón y Battenberg que, con su espíritu patriótico y renuncia a sus derechos históricos, favoreció la normalización de la sucesión dinástica y, por ende, la normalización de la transición:
«¡Majestad, por España, todo por España! ¡Viva España, Viva el Rey!»
Pero, sobre todo, justo es mostrar nuestro reconocimiento y gratitud a nuestro Rey Don Juan Carlos quien, con su inmensa habilidad, simpatía y proximidad fuera de cualquier protocolo y un notable sexto sentido natural, supo coordinar todas aquellas esperanzas e ilusiones para lograr conciliar y armonizar posturas e ideas muy dispares, algunas básicamente antagónicas. Su renuncia a los poderes otorgados por el Régimen anterior, fue clave para entender la transición y nuestra forma de vida actual, formalizándose la Constitución de 1978 que suprime toda participación política y ejecutiva de la Corona y convierte a España en una monarquía parlamentaria en la que el Rey reina pero no gobierna.
En nuestra memoria está de forma indeleble la consolidación de nuestra democracia con la firme intervenciónde don Juan Carlos y su mensaje de desautorización al intento de golpe de Estado de 1981:

“La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático”.
El prestigio dimanante de esta repulsa supuso el reconocimiento de los foros y medios de comunicación más relevantes de todo el orbe internacional afianzando, de esta manera, tanto su imagen de Jefe de Estado de un país democrático, como la de la Corona, institución garante de un desarrollo y futuro estables.
El conjunto de los españoles asistimos con orgullo a este reconocimiento mundial de un trabajo bien planificado y magistralmente realizado con intuición y sabiduría, demostrando una amplia visión de futuro y logrando cerrar viejas heridas.
De esta inolvidable etapa de la transición y de otra gran parte de nuestra vida, podemos recordar a nuestro Rey Don Juan Carlos representándonos con una absoluta entrega, actitud de servicio y amor a España, haciendo de Embajador de nuestra imagen con desbordante entusiasmo y rotundo éxito para dar a conocer a una renacida España, con un nuevo espíritu perfectamente integrable en los organismos internacionales más relevantes.
Merecen ser elogiados ampliamente, su permanente apoyo a la unidad europea y su constante preocupación e interés en fomentar y estrechar lazos duraderos de amistad y colaboración con otras naciones, siendo también de resaltar que, en sus primeros años de reinado, España se incorporó al Mercado Común y a la OTAN lo que supuso, entre otros innumerables reconocimientos, que don Juan Carlos recibiera el premio Carlomagno por los méritos demostrados “al servicio de la reconciliación y la cooperación internacional en Europa”.

Tras su abdicación en 2014, dio paso a un gran relevo generacional en la persona de su hijo don Felipe VI, cerrándose un magnífico y provechoso período de la monarquía constitucional. Sin embargo, don Juan Carlos mantuvo diversas funciones protocolares, hasta culminar en el año 2019 con su renuncia a toda actividad pública e institucional. Un más que merecido descanso refrendado con la gratitud del pueblo español que reconoce una gran época de paz, estabilidad y progreso de España.
Como reflexión, podríamos comentar que la educación y correcta formación de las nuevas generaciones no se entendería ni quedaría completa sin un amplio análisis y una perfecta exposición de este espíritu de la transición que, con las renuncias de todos, desembocó en el proyecto común de democratizar España, culminándose con la aprobación de la Constitución de 1978, abrumadoramente apoyada por referéndum.
Y, por último, permítanme expresar con el máximo respeto, mi gratitud y afecto a nuestra maravillosa Reina doña Sofía que con su abnegación, discreción y entrega a España ha colaborado en primera línea para lograr este maravilloso resultado, lo que se traduce siempre en el reconocimiento, cariño y admiración de todos los españoles.

Daniel Olaran Múgica
18 Comments
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antonio lendinez Rivera
29 junio, 2020 at 1:57 pm
Gran artículo bien documentado y sin mentiras
Roberto Echevarria
29 junio, 2020 at 2:00 pm
Magnifico articulo. Es de bien nacidos ser agradecidos! Bravo V Creative Culture por el interesante contenido.
Ricardo
29 junio, 2020 at 2:25 pm
Gran articulo. Sin duda en estos tiempos debemos recordar a las grandes figuras de la transición y su legado.
Barbara
29 junio, 2020 at 5:33 pm
Efectivamente y espero que los historiadores sepan transcribir la historia con lealtad y veracidad de todo lo acontecido durante estas décadas en que la Monarquia ha hecho de España un País respetado nacional e internacionalmente.
Luis Silva
29 junio, 2020 at 2:04 pm
Muy buen artículo. Serio y bien argumentado.
José
29 junio, 2020 at 2:07 pm
Magnifico artículo que expresa fehacientemente nuestra historia real y aún reciente, por mucho que esa izquierda radical y reaccionaria quiera desvanecer
Lahouari Benarba ben Mahiedinne Al Hassani
29 junio, 2020 at 2:11 pm
Magnífico Articulo bravo querido Daniel !!!!!!!!
Cecilia Sierra
29 junio, 2020 at 2:12 pm
Gracias Daniel , por tu fuerza en momentos convulsos.
¡¡¡¡¡ Viva España !!!!
Igancio
29 junio, 2020 at 2:18 pm
Excelente reflexión. Sin duda hemos perdido la capacidad de valorar lo que significa patria, servicio, honor, tradición.. España ha sido una referencia en humanidad y derecho y ahora se reniega de ella por propios y ajenos. Sin embargo la verdad luce aunque se oculte. Sin duda el autor ha hecho una extraordinaria defensa de la verdad
Clotilde de Silva Olaran
29 junio, 2020 at 2:22 pm
¡Un artículo muy interesante!
beatriz de silva
29 junio, 2020 at 2:22 pm
muy buen artículo. Me ha gustado mucho
Ignacio RS
29 junio, 2020 at 2:29 pm
Totalmente de acuerdo… aunque con la pena de compartir ese diagnóstico inicial de desasosiego e incertidumbre que, me creo, podría cambiar de rumbo si todos comprendiéramos la clave de cualquier proyecto común, también identificada en el artículo: las renuncias de todos. Bravo Sr. Olaran.
Pedro
29 junio, 2020 at 2:49 pm
Me uno, magnífico artículo. Esto es lo que hay que fomentar unidad, reconciliación y democracia. Excelente recordatorio en estos momentos más que nunca.
Soumaya
29 junio, 2020 at 3:41 pm
Bravo!! Muy interesante
Kamal Kumar
9 julio, 2020 at 2:44 pm
El Rey Juan Carlos puso a España en el mapa. Viva el Rey!
Alvaro Garcia Aparicio
29 junio, 2020 at 4:32 pm
!!Gran articulo!!
Felidicades Daniel
Carlos
29 junio, 2020 at 6:35 pm
A pesar de ser una figura clave en la reciente historia de España y de ser acreedor de todo el respeto y la consideración que se ha ganado a pulso por parte de los epañoles, el Rey Juan Carlos – y por extensión la Monarquía-, viene siendo objeto desde hace años de una persecución mediática implacable que ha llegado a límites nunca antes conocidos. Merced a todos los insultos, falacias, acusaciones, medias verdades e insidias, D. Juan Carlos está maniatado.Por su condición, resulta inviable que invierta ni un segundo de su existencia en aclarar, desmentir, y mucho menos actuar en el ámbito de lo judicial, lo que le convierte en una persona expuesta e indefensa.
Es, por tanto, obligación de todos nosotros, que le admiramos y reconocemos nuestra deuda para con él, salir en su defensa como buenos vasallos de un mejor señor.
Lucia
29 junio, 2020 at 9:26 pm
El Rey es un ejemplo de profesionalidad y sobre todo y más importante , de humanidad. Gran artículo para expresarlo