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Rafa Macarrón, entre la imaginación y la realidad

Rafa Macarrón, entre la imaginación y la realidad

Es el primer artista español en exponer en la Fundación La Nave Salinas de Ibiza. Antes que Rafa Macarrón (Madrid, 1981), estuvieron Kaws, Keith Haring, Marco Brambilla, Bill Viola y
Kenny Scharf. Sin duda, un dream-team del arte actual con maestros del Street Art, el vídeo o el Surrealismo Pop.

El madrileño entra en este olimpo como el joven talento español que se está haciendo un lugar en el panorama del arte internacional. Su obra, de hecho, ya está en importantes colecciones y se ha expuesto en Oporto, Nueva York, Miami, Hong Kong, Tokio, Toronto, Estambul o Bogotá. Su última exposición ha sido una individual en el museo CAC de Málaga y ahora, durante el verano de 2021, presenta El bañista / The Bather en la fundación de
la isla pitiusa. Sus lienzos con sus característicos personajes cambiantes de forma, llenos de humildad, se alejan de la soledad para crear legiones de seguidores fascinados por ellos.

La muestra, que se podrá visitar hasta el 31 de octubre, reúne más de 15 pinturas de diversos formatos que han sido realizadas en el año 2021. En ellas encontramos los diferentes mundos que ha ido creando el pintor. Están las pinturas negras de formatos verticales gigantes y los paisajes panorámicos.

Es en estos formatos horizontales donde suceden miles de escenas simultáneamente. Hay playas superpobladas, pero también figuras solitarias. Hay color, mucho, pero en tres trabajos reinan el blanco y el negro acompañados de tonos grises. En todos ellos un universo propio, un realismo mágico, que
el aficionado, el coleccionista o el crítico ya reconocen como el “universo Macarrón”.

Como señala Juan Manuel Bonet, ex director del Museo Nacional Reina Sofía y del IVAM, fue el crítico Rubén Suárez quien definió muy bien su trabajo:

“No le falta tradición al tipo de tendencia que cultiva, esta figuración fantástica y ornamental con derivaciones de abstracción, surrealismo y expresionismo, que sin remontarse mucho en la historia, y con los matices que se quiera, puede tener familiaridad con algunos del grupo

Cobra como Alechinsky, el primer Dubuffet o nuestros Bonifacio y Alfonso Fraile, pasando por Miró o Arshile Gorky, para quien André Breton inventó lo de personajes híbridos”, escribía Suárez. El propio Bonet apunta, “Desde el principio, Rafa Macarrón tiene claro que quiere hablar, con humor más blanco que negro, más compasivo que cruel, de la calle, de la vida cotidiana, de su propia existencia, de su asombro ante el mundo.

Elige una gama de colores en principio estridente (luego vendrían zonas más oscuras), un estilo inspirado en pintores como los que hemos ido mencionando –Picasso, Picabia, Duchamp, Dubuffet,… o Arroyo y Gordillo–, así como en el idioma del cómic. Se suceden los interiores, los paisajes y las playas, los cuadros cósmicos, el bestiario, los rostros humanos…”.

El propio Macarrón define así su trabajo, “es expresionismo porque nace de un gesto, pero también nueva figuración. Para hacer esas figuras alargadas me ha ayudado mucho saber anatomía. Conozco perfectamente la estructura del cuerpo. Empecé a probar con las deformaciones y vi que funcionaban muy bien. Es un poco como crear tus
propios personajes, cada uno con su propia alma”.

Los críticos, siempre dispuestos a crear árboles genealógicos, encuentran en el trabajo de Macarrón retazos de Basquiat, Dubuffet o Picasso. Del maestro malagueño, encontramos una buena dosis de humor. Cuando las referencias van por el lado más local, hablamos también de Millares, Fraile,– y podríamos terminar en Goya y su Perro semihundido.

“La obra de Rafa me entusiasmó desde el principio. Sus imágenes me parecieron nacidas de entre el universo de constelaciones de Joan Miró y los paisajes optimistas de Manuel H. Mompó. Supe que Rafa era heredero de una importante tradición de pintura española que personalmente admiro, y tengo la firme intuición de que le hará mucha justicia a su relevo artístico”, explica Lio Malca, impulsor de la Fundación La Nave Salinas y uno de los primeros y más importantes coleccionistas de Keith Haring y Basquiat.

Hoy, de hecho, es uno de los mayores prestadores de su obra para exposiciones. Malca añade, “imaginé muy rápidamente la obra de Rafa entre los pinos y el mar Mediterráneo que rodean La Nave Salinas, siendo parte orgánica e integrante del paisaje de Ibiza y, de alguna manera, festejando, las pinturas también con su presencia, la salida del sol, la vida de sus playas y gentes y los atardeceres cálidos que tenemos en verano en el parque natural que rodea el espacio.

Estoy convencido de que Rafa y La Nave Salinas de Ibiza se van a llevar realmente bien”. Pedaleando hacia la cumbre “Todo se basa en la anatomía de la persona humana, al igual que ocurría con los griegos y los romanos. Y si juntamos el mar, el cielo y la arena de la playa, es uno de los lugares donde la figura humana se realza”, destaca Macarrón sobre El bañista / The Bather.

Y añade, “estos lienzos tratan del renacer, hablan de nueva esperanza de vida y, nada mejor para ello, que intentar reflejarlo en el verano, en las playas de Ibiza, con la luz y el azul del Mediterráneo. Es el retrato del día a día de una persona feliz… Por ese motivo mis personajes si se observan, nunca se molestan e, incluso para evitarlo, ni se miran entre sí”.

Rafa Macarrón es el representante de la nueva generación de una saga importante en la historia del galerismo, del arte y de la arquitectura española. Empezó a pintar en 2006, a los 25 años. Autodidacta, fue el pintor Juan Barjola el que le animó a no entrar en la Academia de Bellas Artes. Pero siempre, desde pequeño, tuvo un lápiz entre las manos.

“Coincidiendo con la inauguración del Museo Picasso de París, al entrar a una de las salas pidió un cuaderno y lápices de colores, tirado en el suelo estuvo una mañana entera intentando entender lo que tenía delante de él. Evidentemente ese amor a Picasso fluye todavía por sus venas.

Tenía cuatro años. A los siete, Rafa hacía unos dibujos llenos de color, de animales o personas nacidas en algún mundo desconocido, pero habitando en nuestra tierra o dando
vueltas alrededor de ella y aún sigue metido en ese árido mundo suyo”, nos cuenta su padre, el arquitecto Rafael Macarrón.

Tras dejar el instituto se inició como ciclista profesional. El mismo esfuerzo individual, solitario, con el que se pedalea para llegar a la cumbre del Tour-malet lo pone en sus pinturas. “Sobre la bici entraba en el mismo estado de flow que alcanzo pintando, que estás ocho, diez horas, sin parar y no te das cuenta del paso del tiempo”, cuenta el pintor. Su disciplina –cumple horario a rajatabla– como pintor viene de ahí.

No le dan miedo los grandes lienzos de 3,80 x 2,90 m o de 1,40 x 4,09 m. Algunos, a la distancia, pueden parecer puro expresionismo pero, al acercarse, hay centenares de dibujos de sus personajes que plagan la escena al modo de un Bosco o Brueghel contemporáneo.

En 2010 ganó el prestigioso Premio BMW de pintura y en 2013 fue elegido como el artista más interesante de la feria de arte madrileña ARCO. El trabajo de Macarrón empieza siempre en folios A4 o en cuartillas. Es un dibujante incansable. El garabato a veces se convierte en lienzo pero nunca es igual. Es rápido.

No tarda más de una semana en terminar un cuadro. Si no, pierden frescura. “El trabajo tiene que ser espontáneo aunque esté trabajado”, confiesa. Para ello usa colores que no se complementan y una amplia gama de materiales. “Los lápices, los rotuladores y la mano del pintor dan la trama. Las ceras, al igual que los acrílicos y los guaches, aportan transparencias matizadas y el óleo es el más complejo, es el “señor” que sabe dar el peso del cuadro con pequeños puntos, pero su empaste y textura le hacen ser el que manda, no existe la menor duda. El spray da modernidad, dinamismo, color”.

Y, por supuesto, están los libros. En la entrada de su estudio encontramos catálogos de Mark Rothko, Gorky, de Kooning, Oehlen, Dubuffet, Miró, Guerrero o Barjola. Son, casi, una declaración de intenciones. También encontramos obras o biografías de Le Corbusier. Sus
lienzos se montan a partir del mítico sistema de medidas –Modulor– del arquitecto francés.

Una cita con el Arte (en Mayúsculas) Fundación La Nave Salinas dedica una exposición anual, desde 2015, a grandes maestros contemporáneos con el objetivo de conectar Ibiza con el circuito del arte internacional y convertir la isla, cada verano, en una cita
con la creación actual.

Promovida por el coleccionista colombiano –neoyorquino de adopción– Lio Malca, la edición de 2021 ha encontrado la complicidad de otro coleccionista asentado en Los Ángeles, Alberto Chehebar. La Nave Salinas es un edificio de piedra de 700 metros cuadrados situado al borde del mar, construido en 1941 para almacenar la sal cosechada en los estanques integrados en el Parque Natural de Ses Salines.

En desuso durante décadas, fue rescatado por Malca para esta fundación sin ánimo de lucro. Han expuesto hasta ahora Kaws (2015), Marco Brambilla (2016), Keith Haring (2017), Bill Viola (2018) y Kenny Scharf (2019).

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