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Mi visión de África

El odio hace mucho ruido, pero hay mucho más amor en este mundo de lo que imaginamos.

Con esto en mente, podemos esperar un futuro mejor para África a pesar de la inmensidad de la tarea.

El resto del mundo debe ver a África como un continente con un enorme potencial. Se trata de no ver a África sólo como una carga, sino de ver a África como un potencial, en términos de consumidores, de producción de productos básicos, pero también de posibilidades de procesamiento y de transformación.

Los 50 años de independencia de África representan un periodo muy corto en la vida de una nación. Pero es tiempo suficiente para evaluar hasta dónde hemos llegado, la situación actual y las perspectivas de futuro.

Nunca antes África había tenido una oportunidad tan grande de influir en los acontecimientos de la escena internacional. Tiene la oportunidad de crear un entorno empresarial favorable. Tiene la oportunidad de garantizar que cada africano tenga la dignidad y el respeto que merece. Tenemos la oportunidad de tener una visión de futuro. Es hora de aprovechar esa oportunidad.  

Pero en otros lugares, como Etiopía, Senegal, Costa de Marfil, Ruanda, Tanzania o Kenia, por nombrar sólo algunos, el ritmo de crecimiento haría que la vieja Europa se pusiera verde de envidia. Sus fuerzas motrices permanecen intactas: la demografía, el desarrollo de los mercados y los servicios financieros, la aparición de clases medias (y altas), la urbanización, las mejoras en el sector agrícola, la industrialización o la transformación local de las materias primas. A esto hay que añadir la extraordinaria revolución digital y todos los talentos africanos, de los que nadie habla, que la están explotando maravillosamente con

una creatividad desbordante, superando multitud de obstáculos y escollos antaño insuperables.

A finales de siglo, África representará el 40% de la población mundial, al igual que Asia (Europa, el 4%). Alberga el 60% de las tierras cultivables del mundo, que todavía están muy poco explotadas. Y contiene un tercio de las reservas minerales y energéticas del mundo. El agua, recurso principal si los hay, está disponible en abundancia.

Hay que reforzar la inversión en capital humano, condición indispensable para el desarrollo del continente.   El período que se inicia, impulsado por un europeísmo reafirmado, debe ser el del reequilibrio de las relaciones, ya no de país a continente, sino entre dos continentes enfrentados.

Los jóvenes de África que son un 70% de su población buscan un horizonte de esperanza, desean el encuentro, la diversidad y la diferencia. La solidaridad es el centro de sus historias pues cementa las sociedades africanas.

En la era de la globalización desenfrenada, sometida a múltiples crisis económicas, convulsiones políticas y reorientación del sistema y de los valores de cooperación entre los Estados, África aparece como El Dorado del crecimiento mundial y el biotopo de las nuevas energías del mundo en 2050.

La nueva generación de africanos a la que pertenezco es consciente de que estas cuestiones de desarrollo deben dominar cualquier debate emergente y crear las condiciones para una asociación entre el mundo y África en la que el crecimiento se comparta equitativamente. La única obsesión por la que merece la pena desplegar todas las energías de Rabat a Pretoria o de Brazzaville a Harare no es la de alcanzar económicamente a otros bloques del planeta, sino la de tender los puentes que conduzcan a una integración económica inclusiva. Para los 54 Estados, esto implica también la necesidad urgente de lograr por fin una auténtica Unión Africana que cuente con los medios políticos y los recursos necesarios para imponerse en esta esquiva competición internacional. La modernización de los procedimientos administrativos y nacionales, la profesionalización de la formación y la movilización de los recursos humanos hacia un mismo objetivo, tanto defensivo como ofensivo, la diversificación de las asociaciones y de la cooperación sur-sur, una verdadera integración económica y política africana, nos permitirán alcanzar una reivindicación legítima y hacer frente a los retos de este mundo cambiante garantizando un crecimiento económico sostenible y la paz.

Está en juego el equilibrio del continente y del mundo.

No debemos olvidad que el arte y las cultura siempre deben estar en el centro de las estrategias y procesos de desarrollo pues la cultura es una condición para el  propio desarrollo de cualquier nación.

Al igual que muchos africanos de la nueva generación, soy uno de los que desean aportar su contribución al futuro de una África próspera y resistente. Mis múltiples identidades están pensadas para ofrecer soluciones adecuadas en esta África multicultural y nuestra empresa Groupe A Gugo Media esta al servicio de esta visión.

Esculpimos el pasado, imaginamos el futuro y construimos el futuro.

Podemos ser optimistas sobre el futuro de África.

www.groupea.build

www.ggmedia-africa.co.uk

Por: Idrisse Ahamed

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