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BEIJING

Capital de la única civilización que ha sobrevivido de forma ininterrumpida hasta nuestros días (desde hace cuatro mil años) y de la ya segunda economía del Mundo, Beijíng es una ciudad palpitante y depositaria de siglos de tradición.

La Ciudad ha recibido distintos nombres (más de veinte) en las diferentes dinastías chinas. Su primer nombre, la ciudad de Ji, se remonta al Estado de Yan (s.I ac). Este nombre era igual que un tipo de planta singular que produce en esta tierra fértil. Otro nombre famoso Beiping, que conquistó el Norte de China, y fue asi nombrada por el emperador Zhu Yuanzhang (1368) para recordar este gran éxito. Más tarde, en 1403, el emperador Yongle confirió a Beijing el título de ciudad que hasta ahora ya tiene más de 600 años.
En esta descomunal ciudad de 23 millones de habitantes, es donde mejor se puede apreciar el radical cambio que ha experimentado este inmenso país durante las últimas décadas. Fuertemente marcada por la impronta china, Beijíng es hoy el reflejo vivo de una sociedad llena de contrastes que evoluciona a marchas forzadas.

En cierta manera refleja mas que ninguna otra ciudad china las disparidades y contradicciones de un país que vive con una infinidad de velocidades diferentes y en ella encontramos desde las mas humildes viviendas tradicionales o Shieyuan a las mas vanguardistas oficinas de estilo moderno.

La ciudad esta asentada sobre una superficie de 16.000 kilómetros cuadrados (el doble que la Comunidad Autónoma de Madrid) y esta dividida en 16 distritos de los cuales los mas céntricos corresponden a la ciudad antigua.

«La mitad de la belleza depende del paisaje y la otra mitad del hombre que la mira». Lin Yutang

Dongcheng (centro-este): “Ciudad del Este”, se extiende al este de la plaza de Tian’anmen y en él se encuentran el Templo del Cielo, la calle comercial de Wangfujing y la Estación de Trenes.
Xicheng (centro-oeste): “Ciudad del Oeste”, incluye la Ciudad Prohibida, el parque Beihai y Shichahai, además del antiguo barrio Xuanwu, en el que se encuentran Liulichang, el Templo de la Nube Blanca y la mezquita de la calle Niu.
Haidian (extremo occidental): Acoge las universidades y el Palacio de Verano. Las montañas occidentales, donde se sitúan la Colina Fragante y el Jardín Botánico, constituyen uno de los destinos más asiduos de los pekineses que escapan los fines de semana de la vorágine de la ciudad.
Chao yang (extremo oriental): Es el distrito más occidentalizado y cosmopolita de la capital, donde se ubican las embajadas de distintos países, el Instituto Cervantes de Beijíng, el centro de negocios, las obras arquitectónicas más ambiciosas y modernas y un sinfín de bares, restaurantes y cafeterías,
La ciudad alberga seis sitios Patrimonio de la Humanidad y númerosos edificios historicos a nivel nacional. Para adentrarse bien en ella se necesitan varios días, pero en tres o cuatros días uno ya puede hacerse una idea de esta inmensa megalopolis.

Empezando por un recorrido por el centro, que en la época imperial constituía la zona reservada a la residencia de los emperadores, abordamos la plaza Tia’anmen
(puerta de la paz celestial) que es el corazón de la ciudad y esta rodeada de edificios colosales. Al norte, la Ciudad Prohibida; al sur, Qianmen, una de las antiguas puertas de la extinta muralla; al este, el Museo Nacional; al oeste, el Gran Palacio del Pueblo, sede de la Asamblea Popular Nacional (máximo órgano legislativo); y detrás de este, el Centro Nacional para las Artes Escénicas, inaugurado en diciembre de 2007. Las reminiscencias de un pasado imperial, la elocuencia de la arquitectura soviética y el modernismo más rampante se unen en la que presume de ser la plaza más grande del mundo, con un área total de 440.000 metros cuadrados.
La Ciudad Prohibida tan bien mostrada en la película de Bertolucci “el ultimo Emperador” ha sido residencia de 24 emperadores y fue erigida en 1420 y abierta al público en 1949. Entrar en la Ciudad Prohibida implica echar la vista atrás y recordar los tiempos de la China Imperial. Con sus 720.000 metros cuadrados es el recinto palaciego más grande de todo el planeta, con unos mil edificios y cerca de 9.000 habitaciones y salas dispersas entre explanadas y patios cercados por murallas y un inmenso foso.

BEIJING

Al este de la Ciudad Prohibida se encuentra un hutong (barrio tradicional) que se desarrolla en paralelo al recinto imperial y al que se le puede dedicar una hora de paseo adentrándonos en los pequeños callejones de viviendas tradicionales, la mayoría de ellas restauradas.
Desde la cima de la Colina del Carbón del Parque Jingshan situado al norte de la Ciudad Prohibida podemos obtener hermosas vistas de ésta y gran parte de Beijing. Para relajarse y almorzar la mejor opción es el Parque Beihai y la zona de los lagos Qianhai, Houhai y Xihai.
Es una zona de gran encanto, ya que sigue conservando algo del sabor del antiguo Beijíng, con sus callejones típicos de la vieja capital, viviendas de patios centrales que fueron un día el símbolo de la ciudad. Muchas han sido demolidas y solo recientemente se han vuelto a revalorizar y están siendo reformadas.
Al norte del lago Qianhai se alzan las Torres del Tambor y de la Campana, que durante los días claros ofrecen unas vistas magnificas de la ciudad y de los lagos adyacentes. Ambas construcciones fueron en su día un sistema para anunciar la apertura y cierre de las puertas de acceso, así como del ritmo de vida.
Ciertamente la Gran Muralla es una visita imprescindible y que nos deja una huella imborrable de la larga historia de la civilización china. Erigida para prevenir la intrusión de las tribus nómadas que habitaban más allá de los limites de la nación, su primera construcción data del periodo de los Reinos Combatientes (475-221 a.C.).

De regreso hacia Beijíng tenemos varias alternativas como la visita a las Tumbas Ming o la visita al Palacio de Verano. Las tumbas Ming están situadas a 50 km de Beijíng y allí están enterrados 13 de los 16 emperadores Ming con sus emperatrices y esposas secundarias Más interesante que las tumbas en sí mismas es la visita a la Vía Sagrada donde una serie de estatuas pareadas de animales y guerreros en mármol blanco flanquean el acceso al conjunto de las trece tumbas, estratégicamente ubicadas tras la Gran Muralla.
El Palacio de Verano, es uno de los conjuntos más representativos del
arte paisajístico chino y de la integración de arquitectura y naturaleza en un mismo espacio. Destruido y saqueado por las tropas de las ocho naciones aliadas hoy debe entenderse más como un parque que como un palacio, ya que apenas quedan restos de las construcciones originales. En primavera y otoño resulta muy agradable pasear entre sus lagos, a cuyas orillas acampan familias que huyen del ajetreo urbano.
Las dos ultimas joyas, que sin duda hay que visitar, son el Templo de Confucio y el Templo del Cielo. China está recuperando en los últimos años la figura de Confucio, el mas representativo e influyente pensador de la civilización China, que fue tachado durante décadas de lastre feudal por los dirigentes comunistas. Pero, la última generación de gobernantes recurre cada vez mas a sus conceptos para propagar por el mundo el poder mas blando de China y construir un nueva imagen de cara al exterior y a la vez asentar un sistema de valores tradicionales. La restauración reciente del templo ha permitido recuperar este complejo de 700 años de historia. En su agradable y pacifico recinto tenían lugar los exámenes imperiales, basados en los clásicos confucianos. Merece la pena un breve paseo por la calle principal, Yonghegong Dajie, en la que se suceden las tiendas con objetos para el culto budista, incienso, estatuas… Los callejones adyacentes al Templo ofrecen también un infinidad de callejuelas salpicadas de tiendas y atractivos restaurantes.
Para finalizar el día no hay que perderse la visita al Tiempo del Cielo. En él se celebraban las ceremonias rituales más importantes del año, en las que el Emperador actuaba como mediador entre el Cielo y la Tierra.

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